Cuando era adolescente me enseñaron que confiar en el futuro es un absurdo porque no existe y el único tiempo real es el presente, Después de ronronear, rumiar y regurgitar esa sentencia, y encima, en tiempos de crisis que invitan más al pesimismo y al desconsuelo, me declaro en rebeldia contra esa afirmación.

Es, ahora mas que nunca, cuando toca creer y esperanzarse con el futuro en todos los aspectos de la vida, toca depurar la educación que ofrecemos a nuestros hijos, acabar con la cultura de los listillos y aprovechados y empezar a aprender de los errores que nos han traido hasta aqui para subsanarlos

En cuanto a la musica, tres cuartos de lo mismo, los que vivimos los 80 desde dentro del escaparate, vimos de cerca la “burbuja discográfica”, los A&R de las compañias dilapidando y a su vez engordando los presupuestos de las producciones de sus artistas para poder costearse auténticas bacanales derrochando sin reparo sabiendo que los abusivos margenes de las ventas de discos se lo permitian.

Las cosas han cambiado, el negocio de la música ya no lo es tanto, y las compañias, son gigantes heridos arrastrandose para llegar moribundos a la orilla. El contrapunto de todo esto es la honestidad, pocos artistas emergentes se mueven por el dinero, sencillamente porque ganarlo con la música a dia de hoy es casi imposible (a no ser que seas un pirata al abordaje de los programas nocturnos de la tele que son la antitesis de la pureza musical).

En riffandroll, nuestra escuela de rock, queremos sumarnos a esta corriente de honestidad y ahora que en nuestro segundo año vamos creciendo y asumiendo nuevos retos, nos mueve profundamente la ilusión por contribuir a formar una nueva generación de músicos preocupados por el arte, por ofrecer una visión diferente de la vida desde la música, luchadores, creadores de su propio futuro, que se dejen atrapar por el veneno más dulce que es el de emocionarse tocando una canción. Si, a las duras y a las más duras creemos en lo que está por venir.

Salud y Rockandroll para todos

Juanjo Melero